Responsabilidad del atentado: el Cauca no puede seguir esperando

El Cauca amaneció de luto. Lo ocurrido el pasado 25 de abril en la vía Panamericana, sector El Túnel en Cajibío, no es un hecho aislado ni una cifra más en los reportes de orden público: es una tragedia que refleja el deterioro profundo de la seguridad en el suroccidente colombiano. Veinte vidas civiles perdidas, 36 heridos —entre ellos menores de edad— y una población sumida en el miedo no pueden reducirse a comunicados oficiales o a promesas reiteradas. La Responsabilidad del atentado no solo recae en quienes ejecutaron el acto terrorista, sino también en quienes han permitido que el territorio llegue a este punto de vulnerabilidad.

Una ofensiva que el Estado no logró contener

El ataque atribuido a la estructura Jaime Martínez del Estado Mayor Central no fue un hecho espontáneo. Formó parte de una escalada de al menos 26 acciones violentas en menos de 48 horas entre Cauca y Valle del Cauca. Drones, granadas, hostigamientos y explosivos dirigidos no solo contra la fuerza pública, sino contra infraestructura y población civil, evidencian una ofensiva coordinada que no fue anticipada ni contenida de manera efectiva.

Aquí es donde la discusión debe ser clara: la Responsabilidad del atentado también implica evaluar la capacidad del Estado para prevenir estos hechos. El gobierno del presidente Gustavo Petro ha calificado lo ocurrido como terrorismo y ha anunciado medidas, pero la pregunta que surge desde el territorio es inevitable: ¿por qué no se evitó? ¿Por qué, pese a las alertas constantes, la población civil sigue siendo el blanco más fácil?

El Cauca no puede seguir siendo un laboratorio de discursos mientras en la práctica se consolida el control territorial de grupos armados. La ausencia de resultados concretos en seguridad está costando vidas.

El miedo cotidiano de una población atrapada

Más allá de las cifras, hay una realidad que se siente en las calles: el miedo. Lo ocurrido en Cajibío y los ataques en la vía hacia Timbío han dejado una sensación generalizada de encierro. Hoy, movilizarse por el departamento no es solo un acto cotidiano, sino un riesgo.

La gente lo dice sin rodeos: si esto continúa, seremos presos en nuestra propia ciudad. Y no es una exageración. La afectación a la vía Panamericana, eje fundamental de conexión, profundiza el aislamiento y la incertidumbre. Comerciantes, transportadores y familias enteras enfrentan una realidad donde la seguridad dejó de ser una garantía.

En este contexto, la Responsabilidad del atentado también debe incluir una reflexión sobre la protección a la ciudadanía. No basta con reforzar presencia militar después de la tragedia. Se requiere una estrategia integral, sostenida y efectiva que devuelva la confianza a la población.

Silencios que también pesan en la responsabilidad

En medio de esta crisis, llama la atención el silencio o la tibieza de algunas figuras políticas que hoy aspiran a liderar el país. La ausencia de posturas firmes frente a lo ocurrido en el Cauca no pasa desapercibida. El caso del candidato presidencial Iván Cepeda es uno de los más cuestionados por sectores de la opinión pública regional, que perciben un distanciamiento frente a la gravedad de los hechos.

La Responsabilidad del atentado no solo es operativa o militar; también es política. En momentos como este, el país necesita liderazgos claros, contundentes y comprometidos con la defensa de la vida. El silencio, la ambigüedad o el cálculo electoral envían un mensaje equivocado a las víctimas y a los territorios más golpeados por la violencia.

A esto se suma un contexto electoral que, históricamente, ha estado acompañado por un recrudecimiento del orden público. La advertencia es clara: los próximos días pueden ser aún más complejos. Por eso, el llamado no puede ser otro que a la responsabilidad real, no discursiva.

El Cauca no necesita más diagnósticos. Necesita acciones. Necesita presencia efectiva del Estado, decisiones firmes y una clase política que entienda que cada omisión también tiene consecuencias. Porque cuando se pierde el control del territorio, lo que está en juego no es solo la seguridad: es la dignidad de toda una región.

Generado con ayuda de la IA
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