Hipopótamos en Colombia: el dilema ambiental que lleva al Gobierno a autorizar la eutanasia de 80 ejemplares

El crecimiento descontrolado de los hipopótamos en Colombia, descendientes de los animales traídos ilegalmente por Pablo Escobar en los años 80, ha llevado al Gobierno Nacional a tomar una decisión polémica: autorizar la eutanasia de al menos 80 ejemplares. La medida fue anunciada el 13 de abril de 2026 por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible como parte de un plan integral para controlar una especie considerada invasora.

De lujo exótico a problema ambiental

La historia de los hipopótamos en Colombia se remonta a 1981, cuando Pablo Escobar importó cuatro ejemplares —un macho y tres hembras— para su zoológico privado en la Hacienda Nápoles, ubicada en Puerto Triunfo, Antioquia. Tras su muerte en 1993, los animales quedaron abandonados, ya que su traslado resultaba complejo y costoso.

Lo que en su momento se pensó sería una población pasajera, terminó convirtiéndose en un fenómeno sin precedentes. Sin depredadores naturales y en un entorno favorable, los hipopótamos se reprodujeron rápidamente y comenzaron a expandirse por el río Magdalena y sus afluentes, colonizando regiones de Antioquia, Santander y Bolívar.

Crecimiento descontrolado y riesgos

Actualmente, la población de hipopótamos en Colombia supera los 200 ejemplares, concentrados principalmente en el Magdalena Medio antioqueño. Municipios como Puerto Triunfo, Puerto Berrío, Yondó y Puerto Nare reportan su presencia constante, incluso en carreteras y zonas habitadas.

Estos animales, que pueden pesar hasta tres toneladas y consumir cerca de 70 kilos de pasto al día, han generado un fuerte impacto ambiental. Su presencia altera los ecosistemas acuáticos, reduce el oxígeno en el agua debido a sus desechos y desplaza especies nativas como manatíes, tortugas de río, nutrias y peces.

Además del daño ecológico, representan un riesgo para las comunidades. Se han registrado ataques a pescadores y campesinos, accidentes viales y afectaciones a cultivos. Según proyecciones científicas, si no se controla su crecimiento, la población podría alcanzar los 500 ejemplares en 2030 y hasta 1.000 en 2035.

La eutanasia como medida de control

Frente a este panorama, el Gobierno decidió implementar un plan de choque que incluye la eutanasia de al menos 80 hipopótamos durante el segundo semestre de 2026. La meta, según expertos, es reducir al menos 33 ejemplares por año para frenar su expansión.

El procedimiento seguirá protocolos estrictos de bienestar animal. El método preferido será químico: atraer a los animales con alimento, sedarlos mediante dardos tranquilizantes y aplicar una sobredosis de anestésicos. Solo en casos extremos se utilizará el método físico, mediante disparos de alta precisión por personal especializado.

El costo de cada intervención ronda los 50 millones de pesos, dentro de un presupuesto total cercano a los 7.200 millones.

¿Por qué no otras alternativas?

Antes de optar por la eutanasia, se evaluaron otras opciones como la esterilización y el traslado a otros países. Sin embargo, ambas resultaron inviables.

La esterilización, aunque ya se ha aplicado a algunos ejemplares, es costosa, riesgosa y no ha logrado frenar el crecimiento poblacional. Por su parte, intentos de traslado a países como México o Filipinas fueron rechazados debido a restricciones legales y altos costos.

Instituciones científicas como el Instituto Humboldt y la Universidad Nacional concluyeron que la eutanasia es la única alternativa efectiva en el corto plazo.

Una decisión que divide opiniones

La medida ha generado un intenso debate en el país. Por un lado, científicos, ambientalistas y comunidades afectadas respaldan la decisión, argumentando que protege los ecosistemas y reduce riesgos para la población.

Por otro, sectores animalistas y algunos habitantes locales rechazan la iniciativa, señalando que se trata de una “matanza innecesaria”. En municipios como Puerto Triunfo, los hipopótamos se han convertido en un atractivo turístico y en parte del paisaje cotidiano.

El Gobierno, sin embargo, ha sido claro en su postura: se trata de una decisión “triste, pero necesaria” para evitar un problema ambiental aún mayor.

En medio de este dilema, Colombia enfrenta uno de los casos más particulares del mundo en manejo de fauna invasora, donde la historia, la biodiversidad y la ética se cruzan en una decisión compleja.

Generado con ayuda de la IA

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