Grafitis en el centro histórico de Popayán: limpian El Carmen y denuncian nuevas pintas
En menos de una semana, dos episodios distintos volvieron a dejar huella en las fachadas del casco antiguo de Popayán. Primero, pintas sobre el templo de El Carmen. Después, una denuncia ciudadana con video sobre nuevos grafitis en un tramo cercano a la Facultad de Humanidades de la Universidad del Cauca, sumada a cierres viales que, según vecinos, se prolongaron varias horas. El contraste es el de siempre en esta ciudad: una jornada de limpieza con rodillo y, al mismo tiempo, la pregunta de quién vigila de verdad el patrimonio.
El Centro Histórico de Popayán no es un escenario cualquiera. Fue declarado monumento nacional por la Ley 163 de 1959 y es Bien de Interés Cultural del ámbito nacional, con Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) adoptado por la Resolución 2432 de 2009. En ese perímetro, cada capa de aerosol sobre un muro blanco no es solo un rayón: es una intervención sobre un bien protegido por la Ley General de Cultura.
Policía y ciudadanía limpian la fachada de la Iglesia del Carmen
Hace unos días, sujetos pintaron grafitis sobre la fachada de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la esquina de la carrera 3 con calle 4, a dos cuadras del Parque Caldas. El templo del siglo XVIII —Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural del ámbito nacional, según el Decreto 2248 de 1996— forma parte del antiguo conjunto de las Carmelitas Descalzas. Lo administra la Arquidiócesis; el claustro anexo corresponde a la Universidad del Cauca.
Este lunes, el Grupo de la Fuerza Disponible de la Policía Metropolitana de Popayán salió con rodillos y pintura, acompañado de ciudadanos, para devolver el color y la pulcritud al muro. El mensaje institucional fue directo: se trabaja por la conservación y la protección del patrimonio de caucanos y payaneses. La imagen —uniformados y vecinos pintando juntos— circuló como gesto de respeto. También dejó en evidencia que, otra vez, la respuesta llegó cuando el daño ya estaba hecho.
No es la primera vez que El Carmen aparece en este inventario. En septiembre de 2024, vándalos cubrieron la misma fachada con aerosol y la ciudad reaccionó con el mismo reclamo: el templo no es un lienzo improvisado.
Nueva denuncia cerca de Humanidades y un centro que se cierra
En paralelo, una denuncia acompañada de registros en video advirtió sobre nuevas afectaciones con grafitis en fachadas de un sector cercano a la Facultad de Humanidades de la Unicauca. La comunidad reportó, además, cierres viales que se habrían extendido durante varias horas. El material, suministrado por vecinos, reabrió una pregunta que en Popayán ya no debería sonar rutinaria: ¿quién está protegiendo realmente el Centro Histórico?
No se trata solo de limpiar paredes después de cada pinta. El sector de Humanidades y los claustros universitarios conviven con iglesias, casonas y plazoletas que concentran valor histórico, cultural y arquitectónico. Cualquier intervención no autorizada —grafiti, cierre, andamio o cambio de acabado— choca con el PEMP y con las normas de enlucimiento que el propio municipio ha reiterado, incluido el decreto de febrero de 2026 sobre conservación de fachadas en el Sector Antiguo.
La ciudadanía pide respuestas concretas: qué ocurrió en ese tramo, si hubo controles, si las intervenciones estaban autorizadas, si se identificó a responsables y qué harán las autoridades para que el episodio no se repita. También cuestiona a la administración municipal: la protección del patrimonio y del espacio público no puede limitarse a reaccionar cuando la pintura ya cubrió el pañete.
El patrimonio no se defiende solo con el rodillo
Popayán arrastra una tensión vieja entre expresión urbana y conservación. En 2025, la Procuraduría sentó una mesa interinstitucional para impulsar una política pública de arte urbano y grafiti responsable, precisamente porque las paredes del Centro Histórico —BIC nacional— han sido cubiertas una y otra vez. El Ministerio de las Culturas, las secretarías municipales y la Policía participaron de ese diálogo. El diagnóstico no era nuevo: hacen falta zonas permitidas, permisos claros y sanción cuando se interviene un bien protegido.
Mientras esa regulación no se traduce en vigilancia cotidiana, el ciclo se repite. Aparecen grafitis en el centro histórico, la comunidad se indigna, alguien sale a pintar de blanco y, semanas después, el aerosol vuelve. El costo no es solo estético. Restaurar un pañete colonial mal intervenido exige materiales, técnicas y autorizaciones que un rodillo de emergencia no reemplaza. Y cada cierre vial en el casco antiguo afecta comercio, turismo y la vida de quien habita esas 236 manzanas.
El patrimonio de Popayán no se protege con un comunicado ni con una jornada fotogénica. Se protege con prevención, control en calle, identificación de responsables y aplicación de las normas que ya existen. La pregunta que dejó el video de la comunidad sigue abierta: ¿dónde están, de forma permanente, las autoridades encargadas de cuidar el Centro Histórico?
Generado con ayuda de la IA
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