Avalancha Nepal: el colapso glaciar que arrasó valles y dejó más de mil muertos
Una avalancha Nepal de hielo y roca se desprendió el 26 de agosto de 2026 en la cara norte del Langtang Lirung, cerca de la frontera con el Tíbet, y se transformó en un torrente de escombros que recorrió decenas de kilómetros por los ríos Lhende Khola, Bhote Koshi y Trishuli. Casi una semana después, al 1 de septiembre, el balance humanitario sigue subiendo: más de 1.000 muertos confirmados y más de 4.400 desaparecidos. El golpe fue tan violento que los sismógrafos lo registraron primero como un terremoto.
Qué desató la avalancha Nepal en Langtang Lirung
El desprendimiento ocurrió a unos 5.200 metros de altitud. Un bloque enorme de hielo —y parte de la ladera rocosa sobre la que descansaba el glaciar— cayó más de 1.200 metros hasta el fondo del valle. Al impactar, el material se pulverizó y se mezcló con agua, lodo y sedimento. Esa masa avanzó a gran velocidad, tapó temporalmente el cauce y, al romper la presa natural, liberó una riada que en minutos elevó varios metros el nivel de los ríos.
El Servicio Geológico de Estados Unidos aclaró que la señal sísmica —inicialmente reportada como un sismo de magnitud cercana a 4,4 y luego asociada a un evento de 5,2— no fue un terremoto previo, sino la energía del propio colapso y del flujo de escombros. La avalancha Nepal no se detuvo en la alta montaña: destruyó el paso fronterizo de Gyirong, arrasó aldeas, puentes y carreteras, e inundó varias centrales hidroeléctricas a lo largo de unos 100 kilómetros de valle.
Muertos, desaparecidos y el drama de los peregrinos
Las cifras actualizadas al 1 de septiembre de 2026, casi una semana después, sitúan los muertos confirmados por encima de 1.000. En Nepal rondan los 1.050; en el Tíbet se reportan al menos 16. Los desaparecidos suman unos 3.916 a 4.000 en Nepal —entre ellos 583 extranjeros de decenas de países, muchos turistas y peregrinos hindúes rumbo a Kailash Mansarovar— y alrededor de 546 en el Tíbet. El total de personas no localizadas supera las 4.400.
Más de 11.800 a 12.000 personas han sido evacuadas o rescatadas. Se han recuperado cientos de cuerpos, pero solo una fracción pequeña ha sido identificada y entregada a las familias. El resto se documenta con muestras de ADN y, ante la saturación de las morgues, se ha procedido a inhumaciones. Los cadáveres han aparecido incluso muy lejos, río abajo, lo que complica el recuento y la identificación.
Túneles sepultados y el riesgo de nuevas riadas
Todavía hay cientos de trabajadores de presas hidroeléctricas atrapados o desaparecidos en túneles cubiertos de lodo. Equipos de Nepal, India y China siguen buscando con excavadoras, explosivos controlados y helicópteros. En proyectos como Upper Trishuli se reportan cientos de operarios sin contacto. Las operaciones se interrumpen cuando el terreno se vuelve inestable o cuando se forman lagos temporales detrás de los escombros.
Esa es ahora la otra amenaza: posibles nuevos desbordamientos de esos lagos represados. Las autoridades mantienen alerta en zonas remotas a las que apenas se está llegando. Las cifras, advierten, seguirán cambiando.
La avalancha Nepal vuelve a poner el foco en la fragilidad de los Himalayas ante el deshielo y la inestabilidad de laderas a gran altura. Para un medio local, el dato humano es el que más pesa: familias enteras sin noticias, peregrinos que no regresaron y comunidades que perdieron casa, puente y trabajo en unos minutos.






Generado con ayuda de la IA
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